Comentario Reflexivo de una Espectadora

Bien terminada la obra y al retirarme de la sala, luego de ver Las González, me topé con Rosita Avila, una de las protagonistas, quien permanecía en la antesala despidiendo al público.

Luego de felicitarla por las buenas actuaciones de las tres actrices, lo primero que se me vino a la cabeza fue espetarle:
– “Acá sobrevuela Bernarda Alba”-. -“¿Te parece?”- me contestó la actriz sorprendidísima, lo que provocó también en mí sorpresa y a continuación una cierta inhibición para proseguir con mi comentario sobre lo que acababa de ver.
Con ese intercambio breve en mi mente, regresé a casa, convencida de que quería escribir sobre lo que había visto.

Las González, de Hugo Saccoccia, adaptada y dirigida por Máximo Gómez y con las actuaciones de Rosita Avila, Emilia Guerra y Melina Hernández, fue una de las valiosas propuestas artísticas que la sala La Colorida ofreció en la temporada 2013.
A la puesta, (que logró varios reconocimientos, entre otros, en la última edición de la Fiesta Provincial del Teatro), bien podría endilgársele el rótulo de “exquisita versión libre”, lo que sería más apropiado que el de adaptación: una versión muy bien resuelta, personal y bella desde el punto de vista estético, musical y poético (se escuchan textos de Miguel Hernández, Isabel Allende, Héctor Tizón y Alfonsina Storni, entre otros), con un muy buen trabajo actoral de las dos jóvenes y -sin dudarlo- de Avila.

Lo que la puesta de Gómez detona -sucede luego de la media hora- es una semejanza en la temática con La Casa de Bernarda Alba. Allí se encuentra el espectador, a la sazón muy a gusto con la intimidad que propone la sala, enfrente de tres hermanas entristecidas hasta la sequedad y hundidas en la frustración, pasando revista a una historia de sometimiento y opresión.
En el caso de Lorca, hijas oprimidas por una madre que simboliza la más extrema y oscura de las dictaduras, en el caso de Las González, por un Tatita que no permite “que el sexo entre en su casa”.

Máximo Gómez elige despegarse de la idea original de Saccoccia, de mostrar el deseo o la sexualidad de las mujeres mayores, que puede ser tan vívida y erótica como la de una muchachita. El director elige actrices joviales con un vestuario acorde que nada tiene que ver con las edades de las tres mujeres en el texto original. Es ahí donde el espectador se queda con algunos puntos sin explicación, como cuando las dos hermanas le gritan “vieja puta” a Genoveva y uno se pregunta porqué le dicen “vieja”.

Eso es lo que nos sucede con Las González: nos gusta, divierte, y por momentos nos sacude.

Cecilia Aldonate

” 16/12 ”



Jornada de trabajo abierta del proyecto de Investigación PIUNT 26C507
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