Comentario Marta Graciela Paz

Barba Azul:

La vida después de la muerte

Por Marta Graciela Paz

La vida humana es ficción y la ficción es vida.

En “la sociedad sin límites”- al decir de Yago Franco- el grupo de teatro, Die Pinken Clauden, juega, representa, burla y se burla de “los límites” para dejar aparecer en Barba Azul, el gran límite: la muerte.

Desde mi lugar de espectadora, me incomoda el “no sé si ya comenzó la obra o todavía no…” Y ya adentro del espacio (con límites) del teatro (con butacas y escenario) me digo “voy a aceptar sin peros esta invitación a jugar”.

Dos niñas, dos mujeres, dos adolescentes armando su lugar de juego van y vienen ¿juegan o no juegan? Y así tímidamente voy entrando en la lógica de esa búsqueda –sin límites-de la sexualidad femenina: Barba Azul, el pretexto (para toda mujer) de buscar incansablemente ese “más allá” donde finalmente espera el HORROR tan bien representado en los rostros de estas dos jóvenes artistas (hermanitas, amigas, niñas- mujeres en Barba Azul).

Die Pinken Clauden muestra también, como al pasar, la belleza del hacer (también femenino), trabajo de dos largos años de construcción, de paciente armado de objetos. Todos objetos de uso cotidiano, despreciados y al fin por la magia del arte elevados a su función de representación, de la sensualidad, del miedo , la curiosidad, en fin, del deseo femenino: retazos de telas convertidos en sensuales ropajes o en pasadizos o en lugares del pasaje ( de la niña a la mujer); cajitas de plástico, llaves, broches de ropa, muñequitas de plástico convertidos por la magia de las sombras en espacios y representaciones nuevas de ese  mundo oscuro, difícil, a veces asfixiante que nos conducen como si fuera un juego ( en una búsqueda ingenua y deliberada a la vez) a  ese último cuarto prohibido. Del horror y de la muerte no hay retorno.

El lento avanzar en esa búsqueda va generando una tensión (en la obra y en los espectadores) que encuentra su punto más alto en la lograda escena  de la pelea entre las amigas-hermanas.

Y finalmente ese no final (ahí estamos todos espectadores-expectantes sin saber si salimos o no de la sala) nos lleva al “tecito” del afuera. ¡Y que bien que nos viene!

¡Finalmente era el juego mágico y maravilloso de la ficción del teatro!

Die Pinken Clauden nos desafió. Algunos aceptamos el desafío, otros no.

Como en la vida.

 

Marta Graciela Paz:   Profesora en letras y licenciada en psicología. Escribe para la revista Trompetas completas

” 16/12 ”



Jornada de trabajo abierta del proyecto de Investigación PIUNT 26C507
UNT - SPU